viernes, 2 de septiembre de 2016

Norte de Marruecos (11): Tetuán: la Mellah o barrio judío



Tetuán tuvo durante cinco siglos la mayor comunidad judía de origen sefardí de Marruecos, donde también se establecieron en ciudades del norte como Tánger, Asilah o Alcazarquivir.

Ya desde el siglo XV empezaron las migraciones de judíos del antiguo reino nazarí de Granada y posteriormente los expulsados de Castilla y Aragón. 

El primer barrio judío o Mellah  de Tetuán fue desalojado en el siglo XVIII por el sultán Moulay Soliman, que construyó en su espacio la Gran Mezquita.

A comienzos del siglo XIX se edificó la actual Mellah, que se encuentra junto al Feddan (hoy Plaza Hassan II), al que daba entrada al sur de la Medina Bab Remuz, conocida como la Puerta de Luneta por dar acceso a la calle el mismo nombre


Foto: Bab Remuz (Puerta de Luneta)
Autora: Marta Leonor Vidal García

La Mellah llegó a tener 6000 residentes y nada menos que 16 sinagogas, lo que nos da una idea de la importancia que tuvo el barrio.

SINAGOGA BENGUALID

A lo largo del siglo XX  la comunidad judía emigró o se fue trasladando al barrio del Ensanche, lo que dio lugar al cierre progresivo de las sinagogas en paralelo al declive del barrio.  La antigua sinagoga de Bengualid, construida en el siglo XV con la refundición de la ciudad por Sidi Mandri, y que lleva el nombre de un rabino jefe del Tribunal rabínico de Tetuán del siglo XIX, fue la última en cerrar, en los años 70 del siglo XX. 

La familia propietaria llegó a un acuerdo para que se muestre como museo y fue rehabilitada al amparo de un programa de cooperación con la Junta de Andalucía. Me dio mucha pena no poder visitarla. Según me dijeron el vigilante solo está los viernes. Para llegar, localicen la calle de la Farmacia de la Mellah y en esa misma zona está la calle Bengualid.

LA CALLE LUNETA

La calle principal de la Mellah, Luneta, era en la época del Protectorado una animada calle comercial llena de cafés y comercios regentados por los descendientes de sefardíes. Tenía mucho tráfico comercial en la época en que funcionaba el ferrocarril que unía Ceuta con Tetuán, porque era el acceso más directo a la estación a través de Bab Remuz.  

La calle Luneta hoy ha perdido todo glamour y está llena de almacenes textiles, colchonerías y tiendas de muebles, aunque aún conserva las fachadas de antiguas residencias de la época, como esta de azulejería.









Foto: fachada de residencia en la calle Luneta
Autora: Marta Leonor Vidal García



Esta calle sale mucho en la novela "El tiempo entre costuras" de María Dueñas, donde la protagonista pasa su primera etapa en Tetuán, alojada en una pensión ubicada precisamente en esta calle.


Foto: Pensión en la calle Luneta
Autora: Marta Leonor Vidal García


El estilo andalusí se percibe además de en los azulejos de fachadas e interiores, también en los balcones de rejas y celosías.




Foto: fachada de residencia en la calle Luneta
Autora: Marta Leonor Vidal García

En la calle Luneta también se conserva el edificio en ruinas del antiguo Teatro Reina Victoria contruido en 1914 y que pasó a denominarse en 1940 Teatro Nacional, del que solo sobreviven  la estructura del edificio abandonado y algunos restos de tiempos mejores en la fachada.












Fotos: antiguo Teatro Reina Victoria
 Autora: Marta Leonor Vidal García




jueves, 1 de septiembre de 2016

Norte de Marruecos (10): Tetuán: el barrio del Ensache

La sorpresa más grata de este viaje por el norte de Marruecos sin duda fue Tetuán. Salí encantada de mi primera visita a esta ciudad.

Desde Larache a Tetuán hay unos 95 kilómetros tomando la R415-R417 y N2. Me pilló un día lluvioso y tardé un tiempo en orientarme hasta las arterias centrales de la ciudad.


ALOJAMIENTO

HOTEL PANORAMA VISTA
Avenue Moulay Abbas
Tfno:+212539964968

Recomendado por bertika. Muy buena relación calidad/precio. Ubicación perfecta. Situado en el Ensanche, pero lo suficientemente cerca de la Medina como para ir andando.


 Foto: panorámica de Tetuán
Autora: Marta Leonor Vidal García
 


Tetuán no es un topónimo árabe, sino bereber, Titwan, que significa "los ojos" o "las fuentes".

Situada en las faldas del Monte Dersa, sobre el valle del río Martil, la ciudad fue fundada en 1305 por el sultán meriní Abu Thabit y se convirtió rápidamente en una guarida de piratas que le dio muchos quebraderos de cabeza al reino de Castilla.  A comienzos del XVI y hasta el XVIII recibió llegadas masivas de las minorías religiosas expulsadas de España, judíos y moriscos. Su época más próspera fue el reinado de Moulay Ismail  entre finales del XVII y principios del XVIII.

Fue ocupada por los españoles primero entre 1860 y 1862 y posteriormente en 1913, año en que se convierte en la capital de una provincia española. El Gobierno español eligió Tetuán como capital del Protectorado en la zona norte de Marruecos por su situación estratégica y económica.

El Protectorado español termina en 1956, año de la independencia de Marruecos. 

EL BARRIO DEL ENSANCHE

Los vestigios de ese pasado como capital del Protectorado español perviven en el barrio conocido como "El Ensanche", que fue el centro urbano, económico y administrativo de la sociedad de la época.

El barrio pervive como una pieza urbana singular que conserva en sus calles y avenidas edificios de la época con elegantes diseños, que hacen de la ciudad uno de los ejemplos urbanísticos y arquitectónicos de mayor interés del norte de África.


Frente a los modelos de ciudad nueva, "ville nouvelle", construidas por los franceses en Fez, Marrakech o Meknes, desonectados y protegidos de la  Medina, el Ensanche español se engarza con la ciudad antigua.

La construcción del Ensanche se hizo siguiendo la línea de crear barrios anexos al casco histórico mediante un trazado en cuadrícula regular, el mismo modelo de la España de la segunda mitad del XIX. Los edificios siguen el modelo de edificio residencial con locales en la planta baja y dos viviendas por planta.



Como en casi todas las ciudades de Marruecos, los mapas y planos son un bien escaso.


El Boulevard Mohamed V (antigua calle del Generalísimo) es la arteria principal del barrio del Ensanche. A la mitad se encuentra  la Plaza de Mulay el Mehdi, antigua plaza Primo de Rivera, a la que se sigue llamando Plaza Primo, que destaca por su fuente central, los edificios de viviendas de arquitectura tradicional, el café París y el edificio de Correos.




Foto: Plaza de Mulay el Mehdi
Autora: Marta Leonor Vidal García



En esta plaza está la Iglesia de Nuestra Señora de las Victorias de 1919, de estilo neomudéjar, hoy parroquia católica dependiente de la diócesis de Tánger




Foto: Iglesia de Nuestra Señora de las Victorias
Autora: Marta Leonor Vidal García

El Boulevard Mohamed V y las calles perpendiculares que lo atraviesan conservan interesantes edificios de estilos diversos, desde el art decó a construcciones de estilo racionalista y neoárabe.  Cruzando el Boulevard Mohamed V de Oeste a este vamos encontrando la antigua escuela Padre Lerchundi, la delegación de Agricultura,  el pasaje Buruhaga, el antiguo Casino Israelita, de estilo modernista,  la oficina de turismo, el Casino Español, el pasaje Benarroch.


La Calle Mohamed Ben el Arbi Torres, paralela al Boulevard Mohamed V, tiene  en la esquina con la calle  Mohamed Khatib el edificio de la Equitativa, obra del arquitecto Ferndez Shaw de los años cuarenta, que combina elementos racionalistas y árabes, destacando por su torre de esquina que recuerda a un minarete.









Foto: Edificio La Equitativa
Autora: Marta Leonor Vidal García


En esta misma calle se encuentra el primer edificio que se construyó en el Ensanche entre 1913 y 1914, de estilo tradicional, con influencias modernistas. Inicialmente fue concebido para viviendas, pero al final se instaló allí la sede de la Delegación de Fomento y Correos. Actualmente es la sede del Instituto Cervantes. La fachada del edificio es imponente. Un bonito lugar para dar clases.



Foto: Instituto Cervantes
Autora: Marta Leonor Vidal García

Otros edificios destacados de la calle, el teatro Español, de los años treinta del siglo XX.

La calle Sidi Mandri, perpendicular al Boulevard Mohamed V, va desde el ayuntamiento al centro médico de la calle Aljazeer. Sus edificios destacan por sus bellas fachadas de azulejería, como la del edificio de la esquina con el Bolulevard Mohamed V, edificio Cohen y Sananes (llamado así por sus promotores, judíos sefardíes), conocido como "la casa de los azulejos" y que fue la segunda sede del Colegio Nuestra Señora del Pilar entre 1916-1919.









Foto: La Casa de los Azulejos (Edificio Cohen y Sananes)
Autora: Marta Leonor Vidal García

En esta calle está también el  edificio del Banco de Marruecos.


La plaza del Feddan

La Plaza Hasan II, antigua Plaza de España, cruza la plaza de Al-Yala (antigua Plaza José Antonio), pasando frente al edificio Fénix, antiguo centro de negocios con una arquitectura emblemática de los años 40 del siglo XX.


Foto: Edificio Fénix
Autora: Marta Leonor Vidal García

La escultura del Ave Fénix destaca en la coronación del torreón. Esta figura aún subsiste en el paisaje urbano de muchos antiguos edificios de negocios en España.


Foto: Edificio Fénix
Autora: Marta Leonor Vidal García

En la plaza Al Yalaa se encuentra el Museo Arqueológico  que guarda colecciones procedentes de las excavaciones cercanas y que estaba cerrado el día de mi visita.

La Plaza del Feddan  (Plaza de España en tiempos del Protectorado), actual Plaza de Hassan II, marca el final del Ensanche y el comienzo de la Medina, el punto de unión entre la zona antigua y la zona nueva de la ciudad.

El Feddan, el jardín más importante de la ciudad antigua, fue inicialmente una plaza donde se organizaba un mercado al que acudían los campesinos de Yebala a vender sus mercancías. 


Foto: Plaza del Feddan
Autora: Marta Leonor Vidal García


En esta plaza se encuentra el Palacio Real.




Fotos: Palacio Real
Autora: Marta Leonor Vidal García

Hay muchas posibilidades de recorridos por el Ensanche, las calles 10 de Mayo,  El Ouada, Al Jazaer,  Mohamed Khatib y las inmediaciones del Boulevard Hassan II albergan edificios de interés que pueden ver en este enlace: Visitar el Ensanche de Tetuan



Ya alejada del centro, rodeando la muralla de la Medina, frente a la Puerta de la Reina de la Medina, se encuentra  la Escuela de Artes y Oficios, diseñada por Bertuchi, magnifica obra de estilo andalusí con un agradable patio. 



Foto: Escuela de Artes y Oficios
Autora: Marta Leonor Vidal García

La Escuela de Artes y Oficios sigue operativa como centro de enseñanza y es visitable pagando entrada, de lunes a sábados de 10.00 a 18.00 horas. Pablo Muñoz me había recomendado mucho la visita.




Foto: Escuela de Artes y Oficios
Autora: Marta Leonor Vidal García






martes, 27 de octubre de 2015

Norte de Marruecos (9): Asilah

El segundo día en Tánger, que pensaba dedicar a excursiones por alrededores, se frustró por causas imprevistas de fuerza mayor. El personal del Hotel Continental me advirtió que las grutas de Hércules no estaban accesibles por obras. Intenté acercarme a Cabo Espartel pero no me orienté bien con la salida.  Para los próximos que lo intenten es el desvío de la carretera estrecha (bastante estrecha) que pone "Villa Josefina".

Así que acabé volviendo a Asilah, una localidad situada a 46 kms de Tánger, agradable para una visita del día. Tras una comida de pescado en el restaurante Casa Pepe (casi todos los restaurantes de la calle tienen una oferta similar) me di un paseo por el pueblo que recuerda en su aspecto a los pueblecitos costeros del sur de España.



Foto: Asilah
Autora: Marta Leonor Vidal García

La ciudad conocida como Zili fue un asentamiento fenicio y punto de tránsito de griegos y cartagineses, que establecieron en ella un puerto comercial. Los romanos la ocuparon  en el siglo I a.d.C. rebautizándola como Augusta Zilil. Fueron los árabes los que le dieron su actual nombre (أصيلةcuando la conquistaron en el  712.

Asilah siempre fue un puerto clave en las rutas comerciales. Fue ocupada en el s. XV por los portugueses, que construyeron sus murallas y se convertiría en el escenario de una desastrosa tentativa de conquista de Marruecos por el Rey Sebastián de Portugal. 

La batalla de Alcazarquivir (de al Qasr al Kabir, القصر الكبير , que significa "el castillo grande"), también conocida como batalla de los Tres Reyes, acabó en 1578 con una derrota del ejército portugués de magnitudes catastróficas. Alcazarquivir se puede considerar sin duda alguna una batalla "gafada" porque en ella perdieron la vida los tres reyes contendientes: el de Portugal y los dos de Marruecos que se disputaban el trono. Vamos, que no quedó ni uno para contarlo. Las interpretaciones más esotéricas de los judíos de Marruecos atribuyen la debacle a un castigo divino a la dinastía real portuguesa por haberlos expulsados de Portugal. Sea por un castigo divino, por una maldición judía o por un fallo de estrategia, el caso es que la muerte de nada menos que tres reyes en una batalla creó bastante revuelo en la época.

Después de la derrota portuguesa Asilah volvió a manos de los saidíes para terminar en manos de la Corona española que la utilizó como fortaleza en los ss. XV y XVI hasta que en 1691 la reconquistó Mulay Ismail.




Foto: Asilah
Autora: Marta Leonor Vidal García


La ciudad conserva sus murallas portuguesas construidas y varias puertas y torres. Bab Bahr, la puerta del mar, junto al puerto, se encuentra al lado del torreón portugués conocido como Borj al Kamra. 




Foto: Borj al Kamra
Autora: Marta Leonor Vidal García

El mausoleo de Sidi Ahmed El Mansur Saadi, que reconquisto la ciudad tras la batalla de los Tres Reyes, se encuentra al lado de un cementerio con tumbas con azulejos multicolores sobre los que destaca la cúpula blanca del mausoleo.



Foto: Mausoleo de Sidi Ahmed El Mansur Saadi
Autora: Marta Leonor Vidal García




Foto: vista desde el Mausoleo de Sidi Ahmed El Mansur Saadi
Autora: Marta Leonor Vidal García




Foto: niños detrás de un carro
Autora: Marta Leonor Vidal García

Bab Homar o puerta Tierra, es la salida a la ciudad nueva.





Foto: Bab Homar
Autora: Marta Leonor Vidal García

Bab Homar se abre bajo una torre circular con el escudo de armas del rey de Portugal



Foto: Bab Homar
Autora: Marta Leonor Vidal García

Asilah es una visita agradable para pasar un rato relajado, pero ya tiene el sello (familiar en España) de "municipio costero de casitas blanquiazules para compra de extranjeros como residencia vacacional". Entre Asilah y Larache, sin duda, me quedo con Larache.


jueves, 22 de octubre de 2015

Norte de Marruecos (8): Tánger: un paseo por la Kasbah


La Kasbah, la ciudad vieja, es una ciudadela fortificada en la zona alta de la medina de Tánger, desde donde se puede disfrutar de unas buenas vistas de la bahía de Tanger y el puerto. Rodeada de murallas, debe su apariencia a la etapa de ocupación portuguesa en los siglos XV a XVII.



Foto: muralla de la Kasbah
Autora: Marta Leonor Vidal García

A la Kasbah Se puede acceder subiendo por las callejuelas de la Medina y luego por la cuesta, o por el exterior, avenida de Italia. Preferentemente por la primera ruta hasta llegar a Bab Kasbah.



Foto: Bab Kasbah
Autora: Marta Leonor Vidal García



Bab el Aassa, la puerta del bastón, donde se encadenaba a los delincuentes para azotarlos. Esta muralla construida bajo el reinado de Moulay Ismail, tiene una forma de escaleras y diferentes tipos de ranuras.  



Foto: Bab el Aassa
Autora: Marta Leonor Vidal García


En la Kasbah se encuentra el antiguo palacio del gobernador, Dar el Markhzen, construido por orden de Moulay Ismail en el siglo XVII y hoy sede del museo de Artes Marroquíes y el palacio adjunto, Dar Shorfa, sede del museo arqueológico. Abierto de miércoles a lunes de 09.00-16.00, viernes de 09.00-12.00 y de 14.30-16.00. Martes cerrado. Entrada 10 MAD.

El Museo tiene una colección interesante.


Foto: Dar el Markhzen
Autora: Marta Leonor Vidal García

Por los alrededores se puede echar un vistazo al minarete octogonal de la Mezquita Bit El-Mal, que estaba en obras en el momento de mi visita.

En la plaza de la Kasbah abundan los felinos, esas "pequeñas divinidades desdeñosas" que decía Borges.




Foto: Gato en la plaza de la Kasbah
Autora: Marta Leonor Vidal García


Desde la Plaza de la Kasbah atravesando Bab er Raha se accede a un mirador desde donde se puede admirar una hermosa panorámica de la bahía.  



Foto: Salida al mirador desde las murallas
Autora: Marta Leonor Vidal García

La puerta norte, Bab Haha, nos llevaría de nuevo en descenso hacia la medina.




Foto: Bab Haha
Autora: Marta Leonor Vidal García


En los alrededores de la Kasbah podemos visitar las tumbas del viajero tangerino del s. XIV Ibn Battuta, y del historiador de la Edad Media Ibn Jaldun.

Ibn Battuta fue un famoso viajero tangerino que emprendió un viaje por el mundo de 24 años de duración y 120.000 kms de recorrido,  superando en distancia a su casi contemporáneo Marco Polo. Viajó desde el norte de África hasta China, recorriendo sitios tan dispares como el sureste europeo, Oriente Medio, la ruta de la seda en Asia Central, Rusia, India,  Kurdistán, Madagascar, Zanzíbar, Ceilán, Mali o China.


Antes de que se inventaran los blogs de viajes, en el s. XII existía en el mundo árabe un género literario , el de la crónica de viaje, conocido como Rihla ( رحلة) y al regreso de Ibn Battuta a Marruecos el sultán Abu Inan Faris quiso un relato de sus viajes, y el viajero encargó la redacción a su dictado al poeta Ibn Juzayy al-Kalbi. La obra, conocida como Rihla de Ibn Battuta, es un documento histórico sin precio de las costumbres de los países que visitó. Lo tienen disponible con el título de "A través del Islam" en Alianza Editorial.





Foto: La tumba del viajero tangerino Ibn Battuta
Autora: Marta Leonor Vidal García

Saliendo por Bab Kasbah y la torre de Ben Amar, se llega al barrio del Marshan (una buena caminata) donde hay una Necropolis fenicia, detrás del estadio dominando el estrecho. Se pueden admirar los restos de tumbas fenicias esculpidos en la roca. Este lugar, punto de encuentro familiar, permite disfrutar de impresionantes vistas del Estrecho y España. 


Foto: Necrópolis fenicia
Autora: Marta Leonor Vidal García

Esta necrópolis está compuesta por un conjunto de tumbas talladas en la roca. En la zona se han hallado utensilios de tradición púnica y neopúnica, y también objetos romanos de diferentes épocas. La última fase de la ocupación de las necrópolis se remonta a finales del siglo IV d.C.  


Foto: Necrópolis fenicia
Autora: Marta Leonor Vidal García

Más arriba se encuentra el famoso Cafe Hafa que tuvo mucho glamour en la época de Paul Bowles & cia, pero que actualmente es un reducto de adolescentes ruidoso del que solo merecen la pena las vistas. Yo, puestos a elegir, me quedo con las de la necrópolis fenicia.

Anteriores entradas: Norte de Marruecos: Información generalRabat: la torre de HassanRabat: la necrópolis de ChellahRabat: la Kasba de los UdayaLaracheLas ruinas romanas de Lixus; Tánger y su pasado internacional.

martes, 13 de octubre de 2015

Norte de Marruecos (7): Tánger: Un recorrido por su pasado internacional


“Absurdo. Nada me parece más absurdo que esa nostalgia exagerada por el Tánger de antes y ese suspirar por su pasado como zona internacional” (Mohamed Chukri "Paul Bowles, el recluso de Tánger")

Parece que todos los que visitan Tánger se tienen que aferrar a la repetición del tópico manido del mito del Tánger cosmopolita de ese periodo del s. XX comprendido entre los años 30 y la independencia de Marruecos en 1956, etapa en la que fue Zona Internacional.


Entre 1923 Tánger se convirtió en un protectorado cuyo gobierno y administración pasaron a manos de una comisión internacional, formada inicialmente por Francia, Gran Bretaña y España y a la que luego se sumarían Portugal, Bélgica, Países Bajos e Italia.

En la década siguiente, los años 30, la ciudad se convirtió en un centro de espionaje y enclave estratégico en las rutas comerciales por su proximidad al Estrecho de Gibraltar, jugando un papel importante durante la Guerra civil española.

Ya iniciada la Segunda Guerra Mundial, las tropas españolas invadieron la ciudad el 14 de junio de 1940, aprovechando la Ocupación alemana de París ese mismo día, y desmantelaron el gobierno internacional.

Con el fin de la II Guerra Mundial en 1945, las autoridades españolas retiraron las tropas de Tánger bajo la presión de los Aliados y la ciudad volvió a su estatuto anterior, situación que terminaría definitivamente en 1956 con la declaración de independencia de Marruecos.

Un divertido y vertiginoso retrato del Tánger Internacional  es la novela de Paul Bowles "Dejala que caiga", novela "coral" que entremezcla las vivencias de distintos personajes de destinos cruzados en el Tánger de la Zona Internacional. La novela dibuja con ese humor e ironía ácida tan típicas de Bowles ese ambientillo canalla de ciudad cosmopolita y de excesos, por donde van desfilando una galería de expatriados, bohemios, buscavidas, especuladores, especialistas en negocios turbios, timadores, agentes secretos, espías dobles, supervivientes y “bon vivants”.

Reconozco que Tánger es una ciudad con la que yo de momento no he conseguido conectar. No lo conseguí en mi primer viaje en 2008, aunque en aquel momento lo achaqué al poco tiempo disponible a su visita (media jornada) y a que mi viaje coincidió en pleno Ramadán, que agudiza el natural alboroto de ciudad portuaria con riñas en la calle (en aquel viaje me gocé dos peleas a piñazo limpio en plena calle en el Zoco Chico).  Esta vez decidí quedarme dos días y tratar de profundizar un poco más en sus posibilidades pero tampoco lo logré. 

La entrada a la medina desde el puerto de Tánger, construido por los ingleses en el siglo XVII junto a las antiguas murallas portuguesas del siglo XV, se hace por la puerta llamada Bab el Marsa, que sube hacia el Zoco Chico si seguimos recto y si nos desviamos a la derecha nos conduce al Hotel Continental.



Foto: Bab el Marsa
Autora: Marta Leonor Vidal García


Siguiendo hacia arriba  antes del Zoco Chico se encuentra la Gran Mezquita en el lugar donde estuvo el antiguo capitolio romano. Fue reconstruida en el s. XVII.





Foto: Gran Mezquita
Autora: Marta Leonor Vidal García

En este viaje volví a alojarme (desde luego que más por sentimentalismo que por confort) en el decadente Hotel Continental, construido en 1865 e inaugurado en su época por el Duque de Edimburgo. Por sus habitaciones pasaron grandes viajeros de principios del siglo XX, escritores y políticos.



Foto: Hotel Continental
Autora: Marta Leonor Vidal García


Sus desvencijados pasillos, donde parece que parece que el tiempo se hubiera detenido, albergan todo tipo de antigüedades y recuerdos de sus pasadas épocas de gloria: una centralita de teléfonos de cable, un gramófono, un piano de cola, fotos antiguas de una trouppe teatral marroquí representando "Otelo" en el Gran Teatro Cervantes en 1929 con un actor en el papel de Desdémona..





Fotos: reliquias del Hotel Continental
Autora: Marta Leonor Vidal García


El hotel transmite una sensación de tiempo muerto. Solo ocasionalmente, algún rodaje le da algo de vidilla a la decadencia imparable de sus instalaciones. En la recepción amarillean unas fotos dedicadas por el equipo de rodaje de la película de Bertolucci "El cielo protector", nefasta adaptación de la novela de Paul Bowles y que solo sirvió para sacar de apuros económicos al escritor en sus últimos años.





Fotos: dependencias del Hotel Continental
Autora: Marta Leonor Vidal García


No es un hotel cómodo, para qué decir otra cosa. Sus habitaciones necesitan una remodelación y su único atractivo es su añeja decoración y la magnífica terraza con vistas a la bahía de Tánger, ideal para tomar una copa al atardecer. La cocina del restaurante es bastante mala, no lo recomiendo.



Foto: terraza del Hotel Continental
Autora: Marta Leonor Vidal García

El complejo se sitúa frente al puerto justo encima de donde estuvo el antiguo edificio de aduanas.


Foto: Hotel Continental
Autora: Marta Leonor Vidal García

Frente al puerto encontramos las murallas construidas por los portugueses y luego restauradas por los ingleses y los alauitas.




Fotos: Murallas de Tánger (Borj Dar el Baroud)
Autora: Marta Leonor Vidal García

Las murallas contaban con trece puertas de acceso y siete baterías de defensa.


Foto: Murallas de Tánger
Autora: Marta Leonor Vidal García


En Tánger, además del Hotel Continental,  sobreviven muchos rincones de su pasado internacional. Los cafes del Zoco Chico, el Petit Souq, siguen manteniendo la misma apariencia de hace 50 años, igual que las casas y pensiones cutres de alrededores. Esta placita era en la época internacional el punto de encuentro donde se cerraban todo tipo de negocios.“Uno de los encantos de la zona internacional (Tánger) era que podías conseguir cualquier cosa mientras pudieras pagar su precio. Aquí todo era corruptible. Conseguir algo era tan solo cuestión de dinero” (Paul Bowles en "Dejala que caiga").  



Foto: Zoco Chico
Autora: Marta Leonor Vidal García

Por esos contrastes tan propios de Tánger, justo al lado del núcleo del vicio en el Zoco Chico, se encontraba la Iglesia de la Purísima,  sede de la Misión franciscana española.



Foto: Misión franciscana española
Autora: Marta Leonor Vidal García

Más arriba atravesando la puerta de Bab el Fahs que es uno de los accesos a la medina, salimos al Gran Zoco.


Foto: Bab el Fahs
Autora: Marta Leonor Vidal García

El Gran Zoco, también llamado Plaza 9 de Abril de 1947, fue el lugar elegido por el sultán Mohammed Ben Yousef para pronunciar un discurso de reivindicación de la independencia de Tanger y el fin del dominio francés.


Foto: Gran Zoco (Plaza 9 de abril de 1947)
Autora: Marta Leonor Vidal García

En esta plaza se encuentra la Mezquita sidi Bou Abib con su minarete de 1917.




Fotos: Mezquita de Sidi Bou Abib
Autora: Marta Leonor Vidal García

Una visita al cercano Museo de la Legación Americana, ubicado en una antigua casa palacio, en el que no había estado en mi anterior visita en 2008, ayuda a conocer algo más de la historia del Tánger del periodo de entreguerras, en que la ciudad fue un nido de espías. El ambiente que recreaba la película "Casablanca" de Michael Curtiz durante la II Guerra Mundial se inspiraba realmente en Tánger, no en Casablanca (ésta última nunca pasó de ser una simple ciudad administrativa y comercial).  

Tánger también alberga vestigios de su innegable influencia española, como el Gran Teatro Cervantes. Con un aforo de 1400 personas, por su escenario pasaron el tenor Caruso, Antonio Machín y las folklóricas "de tronío" de la época: Estrellita Castro, Lola Flores, Carmen Sevilla, Imperio Argentina.




Foto: El Gran Teatro Cervantes
Autora: Marta Leonor Vidal García

El edificio lleva décadas cerrado, cayéndose a pedazos, esperando que su propietario, el Estado español, tome una decisión sobre el inmueble. Aunque ha habido varias tentativas para su restauración, de momento todo sigue igual.



Foto: El Gran Teatro Cervantes
Autora: Marta Leonor Vidal García

En la cuesta por donde se sube a la Kasba, se encuentra el antiguo Cine Alcázar, antiguo teatro inaugurado en 1913 y que se transformó en cine en 1917, proyectando películas mudas con pianista, como los cines de postín de la época. Con la llegada del cine sonoro se convirtió en la sala que proyectaba los mejores estrenos de la época, con aforo de 700 personas.



Foto: Cine Alcázar
Autora: Marta Leonor Vidal García

En la Ville Nouvelle se mantiene operativo el Gran Cafe de Paris, del que Bowles se quejaba de que pasó de oir el sonido de las cigarras a sufrir el estruendo del tráfico. Es lo que tiene la civilización. El sitio no me transmitió nada, como tampoco me inspiró el "mítico" Cafe Hafa, hoy un destartalado reducto de adolescentes ruidosos.


Foto: El Gran Cafe de Paris (ya sin el sonido de las cigarras)
Autora: Marta Leonor Vidal García


Cercana al Cafe de Paris, la Terrasse des Paresseux, un concurrido mirador con cañones.


Foto: Terrasse des Paresseux
Autora: Marta Leonor Vidal García


Todo el famoseo de escritores y artistas que en esa etapa de la zona internacional se instalaron temporal o definitivamente en Tánger como Paul Bowles, Jean Genet, Kerouac, Burroughs, ha contribuido a alimentar el mito del Tánger internacional, su cosmopolitismo, su efervescencia artística.. 

Tánger nunca me ha parecido una ciudad ni "evocadora" ni "romántica" ni siquiera acogedora. Por mucha literatura que se le eche, ni siquiera consigo siquiera fantasear con que Tánger fuera algún día el no va más del glamour del espionaje internacional y el echadero de toda la socialité del esnobismo literario anglosajón. Es lo que tienen las ciudades de novela, como la Alejandría de Lawrence Durrell, que solo se mantienen vivas en la literatura. Y dudo que alguna vez existieran en la realidad, al menos tal como nos lo cuentan.

Como terapia de choque para quitarse la venda de los ojos sobre el  tópico del "cosmopolitismo"  del Tánger de los años 30, 40 y 50 nada mejor que la lectura de la obra del escritor marroquí Mohamed Chukri. Este escritor rifeño, analfabeto hasta los 20 años, malvivió en su juventud las miserias del hambre y la emigración rural, el maltrato de un padre alcohólico que mató a su hermano, la dura supervivencia en las calle de Tánger dedicado al hurto, trapicheo, contrabando, prostitución callejera...

Chukri tiene tres novelas autobiográficas, la más interesante "El pan desnudo" o "El pan a secas", prohibida durante muchos años por escandalosa en los países árabes. Un libro muy duro, el testimonio de un superviviente, que recuerda a la novela picaresca y a veces al tremendismo de "La familia de Pascual Duarte" en versión rifeña. Solo que aquí no es ficción, sino la vida real de uno de los que vivía "al otro lado".

De sus ensayos, me encantó por su sinceridad y acidez desmontando mitos  "Paul Bowles, el recluso de Tánger". En esa obra, además de "matar al padre" o sea, a Paul Bowles (que nunca le perdonó la "estopa" que generosamente le dedicó en el libro y algunas incómodas revelaciones sobre él, su mujer y los petardos de sus amigos), Chukri carga con un rencor no disimulado contra tan idealizada época y destruye muchos mitos. Y en materia de mitos hay revelaciones que no se perdonan. Muchos de esos escritores y artistas europeos y americanos se expatriaban a países subdesarrollados en la segunda mitad del s. XX, simplemente para disfrutar cómodamente de las drogas y los amores mercenarios sin los problemas penales que hubieran tenido en sus países de origen, tal como Burrroughs reconocía abiertamente. Esos extranjeros occidentales venían a Tánger, dice Chukri,  "como quien va a ver saltar a un mono de árbol en árbol" en busca de "exotismo y placeres para fumar quif y hash, para tener chicas, chicos".

La dichosa generación "beat" se lleva en el libro una buena porción de los palos que Chukri reparte generosamente entre el propio Bowles, Burroughs, Kerouac, Truman Capote, entre otros. La mayor tanda de palos le cae al antipático Burroughs, que nunca se molestó en disimular su desprecio por los marroquíes,  que alardeaba de que en Tánger la policía siempre daba la razón a los extranjeros ante un litigio y de que a los marroquíes le caían mayores penas que los europeos por los mismos delitos. 

Paul Bowles no sale precisamente muy bien parado. La semblanza que Chukri traza de Paul Bowles, dibuja un tipo frío, mezquino en temas de dinero (hasta el extremo de quedarse a espaldas de Chukri con sus derechos de autor por una traducción de un libro) y nada empático, lo más alejado de una persona integrada con la cultura local que podamos imaginar. La revelación en cierto modo vino a confirmar mis intuiciones, pues aunque Bowles siempre me ha parecido un narrador excepcional, encuentro que su literatura es aguda, incisiva, humorística, desasosegante, pero emocionalmente muy fría. A Bowles le delata la falta de empatía con las personas y situaciones que narra, salvo en "La casa de la araña" o el relato "El tiempo de la amistad", donde a lo máximo que llega es a una cierta ternura condescendiente desde una visión de superioridad hacia los pueblos atrasados. Mcuadra perfectamente con su carácter el desapego respecto a los marroquíes que Chukri le recrimina con acidezPaul Bowles, decía Chukri,  lo que amaba era la visión “naïf” de Marruecos, el pintoresquismo, le gustaba Marruecos, pero no los marroquíes y nunca se integró, solo “se aclimató con astucia”.

Esa añoranza del Tánger de Bowles y sus amigos, del Tánger elegante y distinguido, el de los placeres baratos, el de los negocios especulativos y el dinero fácil, el de las fiestas de los millonarios, es lo que censura Chukri con acritud. Porque el Tánger internacional fue muy distinto para Chukri y muchos marroquíes que estaban al otro lado del glamour de las fiestas de millonarios y las tertulias de pseudointelectuales esnobs.

"Lo malo era vivir en el otro lado. Lo malo era la humillación de los que vivíamos en el otro lado. A mí también me hubiera gustado vivir esa buena vida. Pero la buena vida de esa gente era a costa de aplastar a los demás. Y aplastar a los demás es algo primitivo"

Tánger en aquellos años seguramente debió ser una fiesta para unos pocos privilegiados, todos occidentales expatriados en busca de emociones fuertes, y algo más parecido a un funeral para una gran mayoría de emigrantes marroquíes de zonas rurales que se buscaban la vida malviviendo en sus calles huyendo de la miseria.

“El turismo participa en la destrucción del mundo” (Paul Bowles). Nunca mejor dicho.


SOBRE MOHAMED CHUKRI, PAUL BOWLES Y TÁNGER